La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica del intestino (EII) que afecta al revestimiento del intestino grueso (colon) y el recto. Se caracteriza por una inflamación continua de la mucosa, la capa más superficial de la pared intestinal, que provoca la aparición de pequeñas úlceras. Los síntomas más comunes incluyen diarrea persistente, a menudo con sangre o mucosidad, dolor abdominal, urgencia para ir al baño y fatiga. Es una enfermedad con un curso impredecible, alternando periodos de remisión, donde los síntomas desaparecen, con brotes de actividad.
Aunque su causa exacta es desconocida, se cree que es el resultado de una respuesta inmunitaria anormal en personas genéticamente predispuestas, desencadenada por factores ambientales. El diagnóstico se realiza a través de pruebas como la colonoscopia, que permite visualizar la inflamación y tomar biopsias para su análisis. Si bien no tiene una cura definitiva, el tratamiento médico se centra en controlar la inflamación y los síntomas para lograr y mantener la remisión. Los medicamentos utilizados pueden variar desde antiinflamatorios como los aminosalicilatos hasta terapias biológicas más avanzadas, adaptándose a la gravedad de la enfermedad en cada paciente.